Volver a tener una cita con diabetes

Si quiere tener una relación pero le preocupa cómo podrían reaccionar sus parejas ante la diabetes, déjese inspirar por la historia de Caroline Parker, quien encontró el amor a la segunda. Caroline, de 29 años, es dentista y vive en Londres. Le diagnosticaron diabetes de tipo 1 a los cuatro años, y utiliza una bomba de insulina.
En 2008, después de la ruptura de una relación, conoció al que sería su marido, Ian. En el verano de 2010 se casaron.
La diabetes es dura. Es como tener una mascota muy exigente pegada permanentemente a ti. No hay pausas ni cuidadores. Pero aunque no puedes desatarte de ella, puedes compartir parte de la carga emocional y delegar un poco del trabajo que supone atenderla constantemente. Eso es lo que puede aportar una relación de apoyo.
Tocar fondo
Cuando miro hacia atrás todavía recuerdo con un dolor agudo los momentos en los que pensaba que nunca iba a encontrar a alguien que me quisiera, con la diabetes y todo. Recuerdo la tarde de verano de hace cinco años en la que estaba acostada en la cama, asustada, con una glucosa en sangre baja de manera pertinaz, que no había manera de subir, le diera el alimento que le diera. Era muy consciente de mi aislamiento, de que estaba sola, sin nadie que me ayudara. Me preguntaba si alguien estaría alguna vez preparado para asumir esa función, dejándonos entrar en su vida no solo a mí, sino también a mi diabetes.
Mientras cuidaba un corazón roto encontré que era muy difícil no tener dudas de si mi salud había influido en la ruptura de la relación. Es normal que alguien se pregunte “¿Qué tengo de malo?” cuando acaba una relación, pero pensaba que al menos por una vez tenía una respuesta concreta. La ruptura reforzó el miedo a que nadie nos amara a mí y a mi diabetes.
Quiéreme, acepta mi diabetes
Recuperarse de este tipo de desengaño amoroso y contemplar una nueva relación resulta ya de por sí muy duro. Ni qué decir, cuando se tiene que añadir la diabetes a esta situación. Incluso me sentí tentada a intentar dejar de lado la diabetes y eliminarla por completo de la ecuación. ¿Me podía enfrentar a explicar a una nueva pareja los entresijos de equilibrar el alimento, la insulina y la actividad física, esperando que comprendiera las dificultades sin que saliera corriendo?
Con el tiempo llegué a darme cuenta de que mi relación previa había acabado por el motivo, totalmente normal, de que no podía ser. La diabetes no es la responsable de todo. Y dicho esto, por mucho que me disguste, la diabetes forma parte de mí. Ha contribuido mucho a hacer de mí la persona que soy, y modela mi vida cotidiana. Así que, por defecto, si una persona realmente me quiere debe aceptar mi diabetes...
Cuando conocí a la persona que me ayudó a demostrarlo, realmente le hablé de mi diabetes a los pocos minutos. Sinceramente, no es mi forma de presentación habitual, pero como estaba a punto de subir por una pared de roca y yo era la que sujetaba la cuerda de seguridad, me parecía de mala educación no decírselo. Por suerte para mí, no pensó que la diabetes me convertía en una pareja de escalada poco adecuada, y menos, a tenor de cómo salieron las cosas, que no pudiera ser una pareja perfecta. Por el contrario, se tomó su tiempo para conocernos mejor a las dos, a mí y a mi diabetes.
Desde que estamos juntos ha disminuido mucho el trabajo que tengo que dedicar a la diabetes. No porque el amor haya hecho que la diabetes sea misteriosamente más fácil, sino porque no lo estoy haciendo sola. Ian cuenta los carbohidratos de mis comidas, descarga mis datos de glucosa sanguínea e incluso mide mi glucosa por la noche. Pero es mucho más que simplemente las tareas de los cuidados físicos diarios. Ian es mi principal apoyo emocional. Superamos las frustraciones juntos, por lo que parecen más llevaderas. Y celebramos los éxitos juntos, lo que hace que sean mucho más dulces.
Y el verano pasado, el mejor día de mi vida, me casé con este hombre que me ha enseñado de primera mano lo que significa el amor, lo que puede hacer una relación de apoyo. Se casó conmigo y con mi diabetes.










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